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Toxicidad del cloro en una piscina convencional

El cloro es un elemento químico del grupo de los halógeno, al igual que el flúor, el bromo y el yodo. En la naturaleza se lo encuentra normalmente en forma de gas formando moléculas bivalentes de cloro (Cl2). El químico sueco descubrió el cloro Carl Cheele en 1774 y el nombre de cloro le fue dado por Humphry Davy (palabra derivada de una palabra griega que significa verde, en honor al color verde de este gas).

Puede transformarse en líquido a - 35º C y resulta por lo tanto fácilmente licuable. Esta es la razón por la que se lo transporta generalmente en estado líquido por medio de botellas a presión.

Como compuesto, en la naturaleza podemos encontrarlo en gran cantidad. Para las piscinas tradicionales, el cloro resulta un desinfectante bastante eficaz y económico para el tratamiento de las aguas. No obstante, la contribución de cloro reacciona con la materia orgánica del agua formando una serie de compuestos derivados que pueden resultar muy torpes y apestosos. Por estos compuestos, los más nocivos son los llamados trihalométanes, de carácter cancerígeno para la salud humana. Por todos, el más importante es el trichlorométhane o el cloroformo (CHCl3), que tradicionalmente se utilizaba como analgésico (pero dejó utilizarse dada su toxicidad). Estos compuestos tóxicos aportan riesgos de cáncer de la vejiga y daños en el riñón y en el hígado. Otros subproductos nocivos pueden formarse como cansancios compuestos orgánicos volátiles, ácidos chloroacétiques o cloruro de cianógeno.

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